jueves, 13 de enero de 2011

CUÉNTALE


Cuéntale que un día existí.

Háblale de mis manos,

de mi cuerpo,

de mis pies enterrados en la tierra.

De las cosas que guardamos en secreto

que irán conmigo,

con mi alma

dañada por navajas

de un te quiero.

Cuéntale también mi muerte,

y dile que morí

abrasado en desamor

o cuarteado en cien fragmentos.

Cuéntale también cuando jugabas

a ser péndulo en mis largos brazos,

o a ser yo tu sombra salvadora

entre cien escondites y pedrazos.

Cuéntaselo poquito a poco,

sentado en algún banco

de algún sitio.

Y entre mordisco y bocado de merienda,

y entre sonrisas

y disgustos apagados,

explícale al pequeño de tus manos,

que yo un día existí

y que fui un árbol.

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